Un cuento digital (V)
- 27 jul, 2009
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Capítulo V
Pocas semanas después, el rey recibía de nuevo a los dueños de la Olla Mágica, quienes le presentaron una humeante marmita sobre una gran mesa dispuesta dispuesta al efcto ante el trono.
A una señal del soberano, un criado se acercó a la marmita y, con la pericia propia su oficio, pues era el catador del rey, extrajo una cucharada de sopa que, a estas alturas, ya había dejado su cautivador aroma en la sala. La cató muy despacio, cerrando los ojos para concentrase mejor. Acostumbrado a probar alimentos de toda clase y origen, no pudo evitar una exclamación de placer, impropia de su misión, que era únicamente salvaguardar al rey de un posible envenenamiento. Éste, impaciente al ver la cara de su catador, le urgió a que le sirviera un plato bien colmado.
Mientras el rey comía la sopa, nadie se movió. Todos estaban pendientes de su reacción ya que nunca antes había comido en el salón de audiencias y el asunto prometía ser interesante.
- Deliciosa, realmente exquisita, os felicito - dijo el monarca, relamiéndose aún – Quiero que le expliquéis inmediatamente la receta de esta sopa al cocinero real – interrumpiéndose, dió una palmada y añadió -o mejor, !que le hagan venir! Quiero asegurarme personalmente de que no pierda detalle.
Orial y Edith, satisfechos y sonrientes tras las alabanzas del rey, torcieron un poco el gesto ante la nueva perspectiva, aunque nadie llegó a percatarse. El cocinero apareció apenas unos instante después, un tanto confundido, y se inclinó ante el rey.
- Os presento a mi cocinero – dijo el soberano, dirigiéndose a la pareja – no os demoréis en darle todas las instrucciones necesarias para que, en adelante, pueda cocinar para mí una sopa tan delicios como ésta.
- Pero señor, es difícil que pueda igualar esta que habéis probado -dijo Orial, nervioso – tened en cuenta que es una receta muy complicada.
- Tanto mejor – repuso el soberano – una receta demasiado simple sería indigna de un menú real y, por otra parte, habéis de saber que mis cocineros son, con mucho, los mejores del país.
- Pero los ingredientes… - comenzó Edith -
- Los ingredientes, los ingredientes… – se impacientó el rey – Haré que os traigan cuanto necesitéis, por exótico que sea. No se hable más. Si queréis que os ayude, acudid sin más reparos a la cocina. Cuando hayáis concluido vuestra lección culinaria, presentaos ante mí. Consideraré entonces vuestras demandas.
Continúa en La Olla Mágica VI










