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Capítulo I

olla

Es ésta una fantástica historia sobre el sobrenatural don que habitaba hace siglos en una vieja marmita de barro. De todos era sabido que se decía que en cierta casa se servía la sopa más deliciosa que jamás comiera nadie. Contaban los que tenían la suerte de catarla, que la exquisita sopa que humeaba en el interior de aquella olla colmaba de un placer indescriptible a cuantos la probaban.

Pero lo verdaderamente asombroso, lo que hacía que sólo la magia explicara aquel fenómeno, era que el delicioso guiso no se agotaba nunca. Por más que se extrajera del recipiente, no se vaciaba. Y el sabor, aquel sabor sublime, no menguaba ni perdía su equilibrio perfecto. Cucharada tras cucharada, comensal tras comensal, algo parecido a un milagro mantenía inagotable el fluir de aquella delicia.

Los afortunados poseedores de tal maravilla, una familia que antaño fueron humildes plebeyos, prosperaron hasta llegar a ser la envidia de todos sus paisanos, a costa de su extraordinario tesoro. Orial, patriarca de la familia, era el orgulloso propietario de la hacienda y el negocio. Edith, su esposa, que decía haber heredado de su difunta madre la singular receta, presumía, con falsa modestia, de ser la envidiada cocinera. A su casa, ahora toda una mansión, se acercaban, a menudo, adinerados viajeros y ricos comerciantes, hasta señores y duques, que, atraídos por la legendaria fama de la olla mágica, no dudaban en pagar abultadas bolsas de oro a cambio de ser colmados con el manjar exquisito que no se agotaba nunca.

Continúa en La Olla Mágica II

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