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Ya hemos vuelto

Crónicas asíncronas del Raid Samarkanda 2011

N 45º 04' 44'' E 55º 39' 42'' Atardecer entre Kazajstan y Uzbekistan

Más de 15.000 Km al volante de nuestros coches han quedado convertidos en un remolino de recuerdos que aún se nos amontonan. Unos se repiten una y otra vez, reclamando su indiscutible protagonismo y esplendor. Otros se esconden, agazapados en nuestra memoria, listos para emerger repentinamente y llevarnos a ese o aquel remoto momento mágico. Algunos insisten sin éxito en permanecer ocultos, apenas tapados por nuestro natural empeño de no recordar los malos ratos. Poco a poco vamos digiriendo el atracón de países, gentes y vivencias. Vamos despertando de un sueño que se hizo real durante cinco intensas semanas.

No ha podido ser. Mi plan inicial para publicar crónicas diariamente quedó truncado por dificultades inesperadas en las telecomunicaciones y por las apretadísimas jornadas de ruta. El retraso acumulado crecía y la imposibilidad material de ponerme al día me empujó a posponer la difusión de mis notas hasta ahora. Así que voy a dejar totalmente abierto el grifo de mis recuerdos para que vaya empapando mis ventanas en Internet poco a poco. Sin contención ni orden premeditado, párrafo a párrafo, foto a foto, compartiré lugares donde encontraréis, si queréis, los pedazos incompletos de un viaje que os invito a recomponer o completar a vuestro antojo. Lugares donde me encontraréis. Un poco más viejo, un poco más niño.

Mirar al cielo en Samarkanda

 

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Nos vamos a dar una vuelta

Durante 5 semanas, EAdR publicará en Twitter notas y fotos desde el Raid Samarkanda 2011, una expedición de más de 12000 Km por las tierras de Asia Central.

Raid Samarkanda 2011
Raid Samarkanda 2011

Cada vez más, el turismo de siempre se diluye en nuevos modos de concebir viajes a lugares lejanos.  Aventura, turismo activo o comoquiera que lo llamemos, es cada día más frecuente para aquellos afortunados que tienen el tiempo disponible suficiente y la capacidad para sufragarse o financiarse los gastos.  Las causas que reúnen a un grupo de aventureros alrededor de un desafío de este tipo son diversas y muy personales. A veces es un irrefrenable amor al riesgo, otras el afán de alcanzar una meta inédita o de llevar a cabo proyectos solidarios, culturales o científicos. Otras, la urgente necesidad de romper drásticamente con la vida cotidiana o, simplemente, la búsqueda de una manera distinta y original de pasar unas largas vacaciones.

Pero todos los que han experimentado alguna vez este tipo de viajes coinciden en una cosa. Todos afirman que, más allá de lo que se pueda descubrir a lo largo de un insólito itinerario, lleno siempre de pequeños y grandes momentos, la gran aventura consiste en descubrirse a uno mismo. El encuentro con la lejanía, la soledad o el peligro, el estrecho contacto con gentes remotas, con la naturaleza salvaje o con la noche en infinito silencio del desierto suelen ser el camino más corto y más apasionante al interior profundo del viajero.

Horizontes
Horizontes

Bajo el nombre Raid Samarkanda 2011 se han unido un grupo heterogéneo de amantes de los viajes con ingredientes inesperados. Hombres y mujeres procedentes de diversos lugares de España, con profesiones y edades también muy diverso. En más de una decena de vehículos, equipados con todo lo necesario para largas y penosas jornadas de viaje bajo condiciones cambiantes, a veces extremas, parten el próximo sábado 25 de Junio desde Bucarest con el objetivo de seguir la Ruta de la Seda en su vertiente norte.

Aunque no sé muy bien cuándo ni cómo me decidí a semejante empresa, entre ellos me encuentro yo mismo. Me acompaña mi hijo Adrián de 12 años, a quien, pese a su edad, nadie conseguirá apartarle de sus labores de copiloto y navegante. Me propongo narrar, si la tecnología lo permite, las peripecias de una ruta que promete ser tan dura como sugestiva. Además, intentaremos estudiar posibles proyectos para Edubba, una ONG incipiente que quiere llevar libros electrónicos cargados con bibliotecas a las escuelas más remotas.

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Bordeando el Mar Negro, atravesaremos Moldavia, Ucrania y Rusia para adentrarnos, ya en Asia, en Kazajhstan, primero, Uzbekistan y Turkmenistan después. Una incierta travesía a través del agitado Caspio nos llevará hacia el Cáucaso. Tras recorrer Azerbajan, será la bella y cristiana Georgia nuestro nuevo destino. Tras él atravesaremos la frontera turca.

Eduardo y Adrián entre saharauis en 2010

Traspasaremos el Kurdistan y Anatolia. Entraremos de nuevo en la vieja Europa por Estambul para llegar a las impresionantes montañas Meteoras de Grecia y, finalmente, embarcar rumbo a Italia, desde donde un último y relajado ferry nos llevará al puerto de Barcelona, de vuelta en casa.

Infinitas estepas, vertiginosas montañas, desiertos de arena y de arcilla, volcanes de fango, mares secos, tormentas, sol inclemente, ciudades legendarias, un sinfin de fronteras caóticas, países enfrentados, etnias, religiones y lenguas divergentes, lugares santos y sagrados, serán algunos de los hitos que nos esperan. Y, sobre todo, tomar distancia sobre nuestro día a día lleno de etnocentrismo, de petulancia y de ruido.

Intentaré contarlo en la medida de lo posible. Espero sentir vuestro calor al otro lado. Hasta pronto.

 

 

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Tocar para cambiar

Canciones para desatar la esperanza. Todos para todos. Sin gitos, sin llantos. Pero con la fuerza de un vendaval en el corazón más duro…

 

Gimme Shelter | Playing For Change from Playing For Change on Vimeo.

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Prohibido compartir, respete el crecimiento

Prohibido compartir

El consumo individual, como factor de crecimiento, se extiende sistemáticamente a todo tipo de producto o servicio, pese a su insostenibilidad y el daño social que provoca.

Hace poco leí una reflexión sobre el paulatino descenso en la actividad de las salas de exhibición de cine. El autor se preguntaba dónde acabaríamos por ver el cine, alarmado por la perspectiva que ofrecen las nuevas tendencias de consumo directo desde Internet.  ¿Dónde veremos el cine? Cada uno sabrá.

Hace mucho tiempo que la radio se escuchaba en grupo. Un apasionado grupo humano compartía noticias, música, folletines y conversación. Después llegarían los transistores de bolsillo, la miniaturización, los autoradios y los auriculares. ¿Alguien recuerda la radio en el salón?

En los años 60, no hace tanto tiempo, se celebraba en España la proliferación de teleclubs, un aplaudido invento comunitario por el que la gente de todo un pueblo se reunía para ver la televisión. Es cierto que la tele era para aquella españa todo un lujo pero compartirlo no hacía ningún daño ¿Nos acordamos de los  Teleclubs? Hoy la apisonadora de las operadoras telefónicas nos adoctrina para acabar por ver la tele en nuestros móviles.

Un ordenador en casa. Algo increíble e ingénuamente futurista. Corrían los años 70. Algunas décadas después pocas son las casas “civilizadas” que no tengan su PC familiar. Pero ya no es suficiente. Ahora son los tablets, “smart phones” y otras tentaciones los que deben tomar el relevo. Pero ahora, eso sí, cada yuno con el suyo.

¿Quién recuerda esa generación de jóvenes que se reunía al calor de un “tocadiscos” para compartir su entusiasmo y sus emociones? Luego llegaría el “walk-man”, el “disc-man”, rebasados hoy por los diminutos reproductores de mp3, y cada uno debe entusiasmarse individualmente.

Nuestros abuelos se criaron en una extensa familia que se alojaba en una casa común donde varias generaciones convivían ycompartían recursos, espacio y las idas y venidas de la vida cotidiana. Las clases sociales, como siempre, marcaban las distancias, discernían excesos y carencias pero nadie dudaba en considerar el domicilio familiar como un lugar comunitario donde cabían muchos más que mamá, papá y los niños.

Un coche siempre fue un signo externo de buena posición por lo que la familia que poseía un utilitario era como si se revistiera de prosperidad pero, tras algunas décadas, tener varios coches en una familia es casi normal. Por supuesto, cualquier joven aspira a tener el suyo lo antes posible.

Es una fuerza centrífuga imparable. Ya no se come en familia, sino que cada cual tiene sus hora y sus hábitos. Hubo un tiempo en que había un solo teléfono en casa. Ya nadie se impacienta porque la línea está ocupada en casa por el adolescente de turno y nadie puede comunicar…porque ahora todos pueden comunicar aal mismo tiempo, esclavos de su móvil. Lo que fueron juegos de mesa caseros se llevan hoy en el bolsillo y, aunque pueden compartirse, los videojuegos son ya parte de la colección de propiedades individuales.

Sólo hay una explicación para esta imparable decadencia de los consumos compartidos. Es la misma que en su día llenó el mundo de pañales, mecheros, platos, vasos, envases, bolígrafos, bolsas, cajas, y todo tipo de objetos de “usar y tirar”. Se trata de multiplicar las unidades de producción y consumo en aras de nuestro dios Crecimiento, un dios que poco a poco nos va revelando su verdadera cara. Su auténtica dimensión de maldad, derroche, injusticia y suicidio planetario.

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De Chernobyl a Fukushima, 25 años de inconsciencia

El hombre es el único animal que se empeña en caer siempre en la misma piedra, sobre todo si el daño recae en otros.

25 años no han bastado para que la reflexión y la prudencia se impongan a una carrera industrial desenfrenada que en nada ha conseguido satisfacer las aspiraciones constantes de la humanidad.

¿Cuántas veces habrá de suceder?

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