Kafka soñó con el copyright

El Arte de Recordar estuvo intentado seguir la senda legal para imprimir, para uso propio, un ejemplar de una obra digital. Un camino sorprendente,abusivo y kafkiano que anima a copiar «ilegalmente» las obras impresas.

Franz Kafka, ese autor más conocido por las connotaciones actuales de su apellido que por su literatura, no quiso autorizar la publicación de sus obras y ordenó al que fue su amigo y albacea, Max Brod, que destruyera sus manuscritos tras su muerte. Contra la voluntad de Kafka, Brod no hizo caso de la úlltima voluntad del autor y por ello, hoy, las obras de Kafka son universalmente conocidas y admiradas. He aquí un ejemplo de violación del copyright de la que las editoriales participan encantadas.

Pero la obra de Kafka lleva implícita una radical denuncia de la burocracia absurda, fruto del poder. Y uno de los procesos más kafkianos que podemos experimentar hoy es, precisamente, el necesario para solicitar la autorización legalmente pertinente para imprimir unas páginas cuyo autor nos ha autorizado a leer y a difundir. Quizá sea preferible que, como hizo Kafka, no nos autorice, para que, como hizo su amigo Brod, dispongamos de la obra con entera libertad.

Hace algún tiempo, el profesor Juan C. Calvi, por encargo de la Fundación Alternativas, realizó un informe acerca del nuevo paradigma de la cultura digital en red que plasmó en un libro, publicado por la Universidad Rey Juan Carlos, en el contexto de sus muchas publicaciones académicas, bajo el título «¿Reproducción de la cultura o cultura de la reproducción? Análisis económico, político y social de la distribución y el consumo de productos audiovisuales en Internet”. La editorial es Dykinson (Madrid, 2008)

Cerca de 50 euros pretendía cobrar CEDRO, la entidad de gestión correspondiente por permitir la impresión de dos copias para uso propio de una obra en PDF cedida al interesado gratuitamente por el autor. En las tiendas, pasado por imprenta, con sus portadas y todos sus aditamentos, el precio es de ¡¡¡14,25 EUR!!! Efectivamente, entre piratas anda el juego.

Eduardo Löwenberg, editor de EAdR, recibió una copia del libro el pasado mes de Junio, por correo electrónico, remitida por el propio autor, quien se lo hizo llegar al mismo tiempo a otros muchos colaboradores universitarios y de la Fundación Alternativas para que lo leyeran. No hace falta decir que la publicación de este libro no aspiraba a generar lucro alguno. Para mayor comodidad en su lectura – leer, releer, subrayar y anotar 180 páginas en una pantalla de ordenador puede ser agotador – E.L. pensó en utilizar los servicios de un establecimiento de fotocopias, de entre los hoy conocidos como copisterías, para encuadernar el ejemplar en cuestión que, de paso, podrían imprimir con mayor rapidez. Pero en EAdR nos preguntamos si la industria editorial podría censurar o no esa impresión. A continuación se detalla el proceso, hondamente surrealista, contado por el mismo y con copias de los escritos originales, por el que E. L. intentó seguir cándidamente la senda del ciudadano escrupulosamente legalista y acabó al borde de un ataque de nervios.:

Quien espera desespera
 
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