Morir por una bandera

  • 10 Dic, 2009

Entre el espectáculo morboso, la épica nacionalista y la ingenuidad histórica, la activista saharaui Aminatou Haidar “amenaza”con morirse, mientras sus seguidores jalean el drama desde la barrera.

No, no estoy de acuerdo, no puedo estarlo. ¿Quién puede estar de acuerdo con que una nación es más que una vida? Porque martirio no es lo mismo que suicidio. No, no estoy de acuerdo con quienes animan a Aminatou a resistir.

Claro que las desigualdades y las infames injusticias no afectan sólo a las personas como individuos. Afectan también, por supuesto, a muchos pueblos que sienten su identidad como el único patrimonio que heredaron de su antepasados. Un patrimonio colectivo que se asienta en la tierra en la que sus padres nacieron, rieron, lloraron y murieron. Un bien  sagrado. Un bien que nunca podrá ensombrecerse bajo ninguna bandera.

Una bandera no podrá nunca robar el corazón de nuestra memoria más querida. Pero, a menudo, sí puede robarnos la razón…y la vida.

Pero demasiadas veces en la historia se ha jugado con la tierra y con el poder que la puede dominar, para enseñorearla por la fuerza de las armas, de la riqueza o del miedo. Los pueblos llanos han servido siempre como  combustible barato para avivar los desafíos nacionalistas, ese virus irracional que se alimenta de odios, de envidia, de guerras y de inútiles héroes. Porque los héroes que caen por una bandera son siempre inútiles. Dejan tras de sí un reguero de sangre que tiñe a partes iguales de vanidad y rabia a vencedores y vencidos, que amontonan sus mitos, los de unos  sobre los de los otros, con cada muerte, con cada luto. Los inútiles héroes del nacionalismo son productos del miedo que nunca cesa, sacrificios en el altar que los sacerdotes del poder mantienen ante ellos, como un espejismo de falsa esperanza.

Aminatou Haidar en huelga de hambre

Si los hijos de Aminatou Haidar no piden a su madre que desista de arriesgar su vida  por causa de su nación es porque ellos también han sido raptados por la deslumbrante promesa de gloria eterna para su madre. Pero les han engañado. No hay gloria para los vencidos, ni amor para los vencedores. Sólo lápidas manoseadas por los que siguen luchando sin fin. Las naciones pasarán, la historia se retorcerá entre los recovecos de sus contradicciones. Pero la tierra seguirá siendo llamada madre porque una madre es nuestro máximo valor. Una madre vale por todo lo que nace de ella. Vale tanto que nos hemos querido creer que esos niños, los hijos de Aminatou aceptan su sacrificio. Sólo porque oyen que su madre es una heroina que camina hacia el altar sin mirar atrás .

¿Dónde están las izquierdas internacionalistas que siempre han avisado del abismo humano al que conducen los nacionalismos? ¿A quién quiere amnistiar Amnistía Internacional cuando apoya la huelga de hambre de Aminatou? ¿Qué hacen los “intelectuales” que se solidarizan con ella?¿Por qué ninguno de ellos se suma a la huelga suicida, si tanjustificad está? ¿Por qué es más importante presionar al gobierno de Marruecos para que ceda una baza en la inacabable partida que a a la misma Haidar para que no se descarte de su inapreciable vida?¿Por qué no ha habido hasta ahora una lucha tan notoria por la nación saharaui?¿Acaso faltaba la víctima propiciatoria?

Una bandera no podrá nunca robar el corazón de nuestra memoria más querida. Pero, a menudo, sí puede robarnos la razón…y la vida.


Un absurdo proceso administrativo lento, caro y kafkiano alienta la “copia ilegal” de obras impresas. EAdR ha intentado seguir la senda legal para imprimir, para uso propio, un ejemplar de una obra digital. Un camino desesperante e inútil.

Quien espera desespera

Franz Kafka, ese autor más conocido por las connotaciones actuales de su apellido que por su literatura, no quiso autorizar la publicación de sus obras y ordenó al que fue su amigo y albacea, Max Brod, que destruyera sus manuscritos tras su muerte. Contra la voluntad de Kafka, Brod no hizo caso de la úlltima voluntad del autor y por ello, hoy, las obras de Kafka son universalmente conocidas y admiradas. He aquí un ejemplo de violación del copyright de la que las editoriales participan encantadas.

Pero la obra de Kafka lleva implícita una radical denuncia de la burocracia absurda, fruto del poder. Y uno de los procesos más kafkianos que podemos experimentar hoy es, precisamente, el necesario para solicitar la autorización legalmente pertinente para imprimir unas páginas cuyo autor nos ha autorizado a leer y a difundir. Quizá sea preferible que, como hizo Kafka, no nos autorice, para que, como hizo su amigo Brod, dispongamos de la obra con entera libertad.

Hace algún tiempo, el profesor Juan C. Calvi, por encargo de la Fundación Alternativas, realizó un informe acerca del nuevo paradigma de la cultura digital en red que plasmó en un libro, publicado por la Universidad Rey Juan Carlos, en el contexto de sus muchas publicaciones académicas, bajo el título “¿Reproducción de la cultura o cultura de la reproducción? Análisis económico, político y social de la distribución y el consumo de productos audiovisuales en Internet”. La editorial es Dykinson (Madrid, 2008)

Eduardo Löwenberg, editor de EAdR, recibió una copia del libro el pasado mes de Junio, por correo electrónico, remitida por el propio autor, quien se lo hizo llegar al mismo tiempo a otros muchos colaboradores universitarios y de la Fundación Alternativas para que lo leyeran. No hace falta decir que la publicación de este libro no aspiraba a generar lucro alguno. Para mayor comodidad en su lectura – leer, releer, subrayar y anotar 180 páginas en una pantalla de ordenador puede ser agotador – E.L. pensó en utilizar los servicios de un establecimiento de fotocopias, de entre los hoy conocidos como copisterías, para encuadernar el ejemplar en cuestión que, de paso, podrían imprimir con mayor rapidez. Pero en EAdR nos preguntamos si la industria editorial podría censurar o no esa impresión. A continuación se detalla el proceso, hondamente surrealista, contado por el mismo y con copias de los escritos originales, por el que E. L. intentó seguir cándidamente la senda del ciudadano escrupulosamente legalista y acabó al borde de un ataque de nervios.:

Pequeña historia de un sinsentido

5 de Junio Juan C.Calvi, el autor, me envía el libro en formato PDF
3 de Julio Telefoneo a CEDRO para consultar si necesito permiso para imprimir mi propia copia. Me dicen que lo pida por escrito
7 de Julio Lo pido por escrito siguiendo las instrucciones que me han dado por teléfono
7 de Julio Me contestan solicitándome muchos más datos
7 de Julio “Con mucho gusto” se los envío completos
14 de Julio Aún con “más gusto” repito el mail que nadie me ha contestado
17 de Julio Me dicen que aún no ha sido posible averiguar el precio y las condiciones del permiso
17 de Julio Perplejo, expreso con sinceridad la nefasta impresión que me causan sus métodos y mi comprensión hacia quienes no respetan sus normas. Quiero saber hasta dónde podrá llegar el abuso de la legalidad
29 de Julio Me piden confirmación escrita de lo ya escrito anteriormente sin razón aparente
29 de Julio Con la máxima paciencia de que soy capaz les escribo reiterando lo ya escrito antes
30 de Julio Recibo una carta surrealista en la que se me exponen diversas opciones a elegir
31 de Julio Por fin, recibo un mail por el que se me indica el precio – ¡EUR 46,59 más IVA! – y se me pregunta si acepto
2 de Agosto Agotado y patidifuso escribo una excusa y doy por zanjado mi intento de ser legal con el Copyright
linea

Cerca de 50 euros pretendía cobrar la entidad de gestión correspondiente – CEDRO – por permitir la impresión de dos copias para uso propio de una obra en PDF cedida al interesado gratuitamente por el autor. En las tiendas, pasado por imprenta, con sus portadas y todos sus aditamentos, el precio es de ¡¡¡14,25 EUR!!! Efectivamente, entre piratas anda el juego.


-->