Apple y Anantapur

  • 23 Jun, 2009

Apple vende más de un millón de el nuevo iPhone en tres días, mientras más de 25.000 personas mueren de hambre cada día en el mundo.

Productos y necesidades

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Los adolescentes, siempre merecedores de indulgencia, tan expuestos a las garras del maligno ser que habita en la tele, en Internet, en el móvil, esa infatigable voz que dicta sus hábitos, sus gustos, sus deseos y sus pasiones, han crecido. Ahora, postgraduados en Stanford, Oxford o el IE, entusiasmados por codearse con ejecutivos de verdad, agasajados y espoleados por un mundo guapo que espera extraer de ellos sus brillantes y rentables ideas, ganan dinero. Y esperan ganar mucho más, para no perderse entre la chusma que no tiene el último iPhone, la última Nintendo, el último engendro que haga inútil y pasado de moda el que hoy soban día y noche con una afectación y gravedad que pareciera merecer respeto y envidia a partes iguales.

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Porque nada ha cambiado desde ayer. Solo que ahora ya no tienen que pedir a sus padres que les compren el enésimo juguete de silicio y coltán, porque ya son independientes. Ya no dependen más que de quienes les manipulan, como siempre, haciéndoles creer que necesitan, que no pueden vivir sin la última versión, la única verdad de los elegidos.

Por eso, mientras, guiados por la California de la eterna innovación consumista, aspiramos materias primas y energía para concentrar el dinero en manos de quien más tiene, sorprende ver que hay quien, como Vicente, invierte el proceso y difumina, desde Anantapur, el bienestar, extendiéndolo como un virus benigno, sorprendente y milagroso.


El debate nuclear

¿Querían debate nuclear? Pues ya lo tenemos aquí. Pero esperemos que los que tanto , y tan prudentemente lo solicitan , que se atrevan de verdad con él. Porque si todo el argumento que van a poner encima de la mesa es el de que la energía nuclear es más barata o que puede generarse día y noche sean cuales sean las condiciones climatológicas, o que no es peligrosa si se  utiliza bien, o que si no la tenemos, la importamos, quizá vayan a tener que ir pensando en que el anhelado debate nos puede acabar llevando al uso radical y absoluto de energías renovables.

Porque hace ya tiempo que los ecologistas, esos ecologistas-coñazo que tan ingeniosamente glosaba Ussía, trabajan intensamente en estudiar la viabilidad de una verdadera revolución energética verde. Es decir, realizando la tarea que el Gobierno, la oposición y tantas entidades sensibles no acaban de hacer, peses a declararse los más de los más preocupados por el medio ambiente y la sostenibilidad.

Informe sobre las energías renovables en España
Informe Greenpeace "Renovables 100%"

Aquí están las conclusiones  del exhaustivo informe que Greenpeace confeccionó en el año 2007, que presentó durante el muy celebrado y cacareado – sobre todo por nuestra inefable Sra. Botella de Aznar -  Congreso Nacional del Medio Ambiente, Conama 2008, y que, como era de esperar, no sirvió más que para que a esta señora, a otros cuantos políticos más y a las grandes empresas del sector energético se les llenara la boca de suspiros ecológicos y amores eternos a la sostenibilidad.

•Es viable plantearse un sistema de generación basado al 100% en energías renovables

•Los costes totales de la electricidad generada son perfectamente asumibles y muy favorables •Existen herramientas suficientes para garantizar una cobertura de la demanda Pero El Arte de Recordar, medio ecologista coñazo donde los haya, quiere recordarlo y unirse a las voces que reclaman el dichoso debate. El que quiera que la sociedad encienda el semáforo verde a la energía nuclear, tendrá que rebatir, uno por uno, los elaborados argumentos de quienes, con un trabajo callado y nunca bien reconocido, se dejan la piel en abrir paso a una nueva concepción del progreso. Un enfoque donde lo mercantilista es secundario. Un proyecto humano para  nuestra civilización, donde la palabra viable no deba siempre significar negocio, sino, simplemente, viable. Dice Felipe González, recovertido a la causa nuclear, que quiere el debate “aunque le partan la cara”. Bienvenido al club de los que tenemos  la cara cara siempre dispuesta. Greeenpeace sabe mucho de dar la cara. Los nucleares, coñazo o no, deben darla ahora. A debatir.


Analistas, líderes y periodistas, como la gran parte de quienes valoran las elecciones, preocupados por proclamar el ganador de las elecciones, un ente ficticio y ajeno a la democracia parlamentaria

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Por un preocupante mimetismo, los españoles asistimos de nuevo a ese espectáculo cuyo momento cumbre se alcanza cuando uno de los concursantes logra alzarse con el triunfo y es declarado, entre lágrimas, confetis dorados y fanfarrias, ganador de Eurovisión.

Las elecciones al Parlamento Europeo, lejos de ser una fórmula democrática para constituir la proporcionada representación popular en la importante cámara legislativa multinacional, son sólo, para tertulias radiofónicas, editorialistas de prensa, líderes políticos y demás fauna implicada, una vibrante confrontación entre los partidos mayoritarios para saber quién es el rutilante ganador. Algo así como un Madrid-Barça en versión referendum. Por supuesto, los demás partidos políticos, al igual que los equipos de fútbol más modestos, hacen un decoroso papel de comparsa.

Marcador electoral
Marcador electoral

La realidad es que cada escaño representa, al menos en teoría, a un colectivo de votantes. Como resultado, de acuerdo con el sistema proporcional vigente, el parlamento, de donde emanan las leyes, estará constituido por una muestra representativa de la población, tan variopinta como ella. Un concepto elemental arrinconado por los opinadores de turno. No tiene ningún sentido, por tanto, hablar de ganadores de las elecciones. Aún más, según este planteamiento, los ganadores son perdedores cuando su mayoría no es absoluta, puesto que son más los escaños ajenos que los propios. Será en el debate legislativo de cada día donde se pongan de manifiesto las verdaderas y genuinas pugnas por ganar o perder, entonces sí, el pulso entre quienes apoyan una propuesta y quienes la rechazan. Y en buena ley, ni siquiera sabemos cuántos representantes de cada partido se alinearán con cada una de ellas.

No sé a quién puede convenir esta simplificación tan perversa de nuestro sistema político, pero me temo que hay fuertes intereses por parte de los grandes partidos y de sus clientes, patrocinadores y mentores, para potenciar un bipartidismo de alternancia que haga imposible su respectiva desaparición. En España, PP y PSOE son esos queridos enemigos.


El lobby de la industria cultural, en su guerra contra las descargas gratuitas, logra, una vez más, reforzar su tendenciosa imagen como representante de los sufridos autores
Los creadores y el periodismo
Los periodistas amamos los titulares, debilidad fácil de explotar

Es asombrosa la facilidad con que cualquiera puede hacerse llamar por la prensa lo que le interese, sea lo que sea. Los periodistas amamos los titulares y esa es una debilidad fácil de explotar.

Primero se escoge un atributo bien cargado de las connotaciones por las que anhelamos que nos identifiquen. En nuestro caso, “creador”, por no picar muy alto, que esta cualidad es una de las más atribuídas al mismo Dios. Así que no sólo es positiva y generosa, sino que incluso está revestida de una cierta divinidad. Luego, este apelativo se incluye en el nombre legal de una pulcra y reluciente entidad creada al efecto.

En el ejemplo que traemos, “La Coalición de Creadores e Industrias de Contenidos“. El resto lo hará el animoso redactor que, como es lógico, buscará sencillez y concisión al titular su artículo. “Coalición” es un término muy confuso que se enreda peligrosamente con el mundo electoral, que no vendría al caso. “industrias de contenidos” y, mucho menos “industrias”, tan prosaicos ambos, no tienen comparación posible con el simple y mágico “creadores”.

Aún si aceptamos el discutible significado de crear como el acto de construir un relato textual o visual a partir de la ingente materia prima de la experiencia vital y de la cultura, hay millones de creadores ajenos a este lobby.

El problema es que un titular como este es complaciente con una idea nacida de la propaganda sectaria. Los creadores no están representados por esta coalición ni por nadie. Aún si aceptamos el discutible significado de crear como el acto de construir un relato textual o visual a partir de la ingente materia prima de la experiencia vital y de la cultura, hay millones de creadores ajenos a este lobby. Porque el mayor pecado capital de la industria cultural no es cómo nos ha vendido sus productos, ni cómo ha abusado de sus grandes concentraciones empresariales y de sus posiciones privilegiadas, sino  cuánto nos ha ocultado, filtrado y secuestrado. La industria cultural ha sido el gran censor, la gran tijera, el inmenso embudo por el que han cabido solo unos pocos elegidos.

Ahora, perdidos su monopolio en la difusión y en la promoción, se pasan el día llorando en nombre de ¡los creadores!

Set de maquillaje periodístico
Set de maquillaje periodístico

Pero además, ¿no es creador el artesano que realiza una pieza única?¿y ese ingenioso amigo que arranca con sus ocurrencias la risa de todos?¿y el mecánico que improvisa una solución improbable ante esa extraña avería?¿y el empresario que diseña una organización nueva y exitosa?¿y el amante genial?

El mayor pecado capital de la industria cultural no es cómo nos ha vendido sus productos, sino  cuánto nos ha ocultado, filtrado y secuestrado.

Basta de llantos, señores de las industrias, que no son ustedes los primeros ni serán los últimos a los que se les ha pasado el tiempo de su chollo empresarial. Pero claro, yo que ustedes quizá haría lo mismo, mientras haya una prensa tan servicial.


El negocio del espectáculo es tan cruel como siempre fue, pero su capacidad mediática y su naturaleza global, lo han convertido en un peligro tan agigantado como la bomba atómica frente a una flecha.

Susan Boyle, usar y tirar
Susan Boyle, usar y tirar

El humano siempre se ha permitido hacer del distinto, del extraño al grupo, un espectáculo del que es lícito disfrutar, aún a despecho de la dignidad del individuo sometido a observación, con tal de que se trate de alguien verdaderamente diferente. No digamos si se trata de alguien único. En ese caso, cabe todo. No hace tanto que en las ferias ambulantes y en casi cualquier manifestación festiva popuilar se exhibían, para solaz de pequeños y mayores, se exhibían enanos, jorobados y otros “singulares”, como el tan celebrado caso de “la mujer barbuda“.

Susan Boyle, esa mujer con voz de ángel, estuvo a punto de ser compensada por la vida como merecía. Recibió el aplauso de gente de la que jamás esperaba atención y aprecio. Todo iba bien si no fuera porque la televisión consume materia prima humana para su gran rito de masas, como si fuera el combustible de una gran caldera. Y Susan Boyle, por supuesto, iba a ser consumida, exprimida y expoliada sin el más mínimo miramiento. Hoy, rota, desbordada y mucho más sola que nunca, con la suprema soledad de los seres señalados como únicos, lucha por sobrevivir al maremoto que ha zarandeado su vida.

A los que hemos nacido en el siglo XX nos gusta presumir de civilizados, porque dimos a luz un monton de grandilocuentes declaraciones de derechos humanos, acabamos con la esclavitud, declaramos la democracia un bien universal, reprobamos el racismo y, sobre todo, porque nos creemos por encima de viejas actitudes inmorales ya superadas.

Podríamos hablar mucho sobre las infames causas, firmadas también por nuestra generación que nos llevaron con urgencia a una dialéctica sobre estos derechos. Pero hay un rasgo propio de nuestra modernidad que, hasta la fecha, crece como un virus planetario, que, por sí solo debiera sonrojarnos cada vez que presumimos de estas cosas.

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Hablo, claro, del negocio mediático, de la industria mal llamada cultural, del marketing en red, de la ubícua imagen de moda, de la universalidad del sobresalto diario. Un conglomerdao que, al lado de las antiguas ferias, se alza como un monstruo de cuya magnitud sólo pueden dar cuenta sus demoledores efectos globales. Los "juguetes rotos", como Susan, se amontonan en el vertedero de nuestra indiferencia. Hasta cuatro horas al día empleamos en el primer mundo en asistir al rito mediático, al altar donde se sacrifica cualquier cosa, o cualquier persona, en honor del dios audiencia.


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