El Spam Universal

  • 30 Abr, 2009

Poco a poco, toda la comunicación se va volviendo spam, pero hace ya tiempo que no se puede borrar de nuestras vidas.

El inocente culpable de la palabra SPAM
El inocente culpable de la palabra SPAM

No es verdad que el spam es el correo electrónico no deseado. Es injusto que cargue él solo con esa mala fama. Dicen que nos roba tiempo cada día, y mucho. Que “okupa” el espacio de nuestro ordenador. Que cada día se nos multiplica desfiante. Como las moscas de las vacas, se burla del rabo infatigable de nuestro ratón que borra, borra y borra sin fin. Pero cada vez que elimino un email de esos que, en una letanía interminable, tratan de avasallarame, manipularme y empujarme hacia la última ocurrencia de uno de los muchos profesionales de lo estéril, artistas de lo inoportuno, genios del acoso que pueblan nuestro Internet de cada día, me convenzo más de su inocencia, de su aburrida candidez.

Porque en mi buzón, el de hojalata, boca larga y tarjetita con mi nombre, se cuelan cada día docenas de estúpidos anuncios de papel blanco con tinta negra, o negro con tinta blanca, o de colores, papelotes grandes, pequeños, doblados, enrollados, con grapas, o en bolsas de plástico, para ensuciar sin ser ensuciados, con etiquetas, barnizados, adhesivos, repetidos hasta el infinito, ninguno solicitado. Porque cuando suena el teléfono todavía corro a descolgar con ilusión de adolescente que siempre desea ser llamado. Y cuanto más prisa me doy en contestar, más hiriente me resultan esas voces desconocidas que no saben ni les interesa cómo me llamo, aunque a veces pronuncian mi nombre por penosa obligación, con una imposible cortesía que es aún más de plástico que las bolsas del buzón. Quiera yo o no, me ofrecen la redención de mis culpas si, como debo, si sé lo que me interesa, acepto su insuperable oferta, su promoción exclusiva, si como me conviene, contrato la maravilla salida del último capricho de su glotonería comercial.

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Y en la radio un charlatán, jaleado por un periodista impostor, me convence para que adelgace, o para comprar la enésima colección de edición limitadísima, o para que me acuerde de regalar algo a mi madre, que en gloria esté. Y la tele se ha hecho digital, interactiva, participativa. Para poder multiplicarse, hacerse temática. Tanto como los anunciantes deseen, que los pobres ya no saben qué inventar. Que entre taparnos las páginas de Interent, patrocinarnos el hombre del tiempo, llenarnos los buzones, acosar nuestras líneas de teléfono, pintar los autobuses, ilustrar las esquinas, los veladores, los parques y las obras, decorar a deportistas, a cantantes, a vivos y muertos, los pobres no dan a vasto.

Porque el spam ya no sólo llega por email, ni ya sólo nos echa encima los anuncios, millones de anuncios no solicitados. Ya llega a nuestras almas como un cerco, sitiando nuestra mente con las voces raptadas, las que nos cuentan, nos escriben, yo mismo, los noticieros, los tertulianos, los telediarios, las películas. Un gran coro que arroja sobre nosotros a cubos los sones de lo global, la monotonía de lo uniforme. Si crisis, crisis, si fútbol, fútbol, si pandemia, pandemia, si gürtel, gürtel, si Obama, Obama, si olvido, olvido y si nada lo impide, un vacío lleno de spam.


Por la lectura

  • 28 Abr, 2009

Escrito de José Luis Sampedro acerca de un nuevo canon sobre los libros prestados

José Luis Sampedro
José Luis Sampedro

Poco hay que comentar sobre lo que José Luis Sampedro, nuestro gran economista poeta, expresa en las líneas que reproducimos. Compartimos su denuncia del sinsentido de argumentos esgrimidos para ampliar hasta el absurdo la recaudación fácil en base a una dudosa defensa de los autores. Por una vez, nos limitaremos a escuchar, mientras crece nuestra admiración por este hombre incomparable.

“Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro  Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante.. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus ‘clientes’ éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.

¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.

Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados,  paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.

Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo..

Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida  corriente el que paga una suma es porque:

a) obtiene algo a cambio.
b) es objeto de una sanción.

Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?

Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?.¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?. ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas?.¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.

Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden  defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.

¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!”

José Luis Sampedro


De acuerdo con Tim

  • 23 Abr, 2009

Durante la celebración de WWW2009, la conferencia internacional de Internet que se celebra en Madrid, Tim Berners-Lee, padre de Internet, descalifica las redes sociales para el futuro de la Red, con nuestros mismos argumentos.

Tim Berners-Lee y las redes sociales

Escuchar a Tim Berners-Lee, el padre de Internet, tal como hoy lo conocemos, es siempre estimulante. Su pasión por dar sentido a cuanto dice, sólo puede compararse a la claridad con la que piensa. El inventor del HTML, durante la conferencia con que se inauguraba hoy WWW2009, expresó sus siempres esperadas opiniones sobre el devenir de Internet.

Tras él, una gran pantalla iba mostrando las páginas que, desde su portátil, él mismo iba lanzando. Todas ellas contenían cuatro o cinco lineas de texto que servían como guión de su discurso para él y para todos los asistentes. En un momento dado, abordó el tema de las redes sociales, claro. Sus palabras sonaron contundentes, nítidas y, para quien redacta EAdR, gratificantemente familiares.

Sir Berners-Lee, Tim para los amigos, llamó “Walled Gardens” – “jardines amurallados” – a las redes sociales a las que comparó con los viejos y ya superados portales de los proveedores de Internet, cuando competían entre sí por acaparar el máximo número de usuarios. Pero aún más expresiva resultó la ilustración que exhibió tras de sí. Un extraordinario y agudísimo dibujo de David Simonds, ilustrador de The Economist, que nosotros también habíamos uitilizado el mes pasado para subrayar nuestra propia opinión.

Para Berners-Lee, como para EAdR, las redes sociales contienen ingredientes muy atractivos y útiles de intercomunicación, pero al mismo tiempo, forman parte de una arquitectura indeseable configurada por compartimentos limitados, cerrados y privados. Internet ha de mantener y acrecentar su carácter universal y abierto, que ha formado siempre parte de su ADN y de su éxito. Nunca al contrario. Si no es así, no habrán valido la pena tantos años de brillantes hallazgos tecnológicos como los que Berners-Lee y su equipo han regalado al mundo del siglo XXI.


Barack y Hugo

Barack es siete años más joven, aunque, como Hugo aparenta menos edad que la que tiene, apenas se nota la diferencia. Ambos son morenos, uno negro claro, otro blanco oscuro, y los dos están especialmente orgullosos de serlo. Son vecinos de continente. Uno vive arriba. Arriba del mapa y arriba del mundo. Al otro siempre le ha fastidiado esta superior ubicación. Y eso que tampoco vive tan abajo.

Hugo es un tipo especial. Entre sus otros vecinos, no son pocos los que le tienen manía. La verdad es que gusta a muy pocos. No está muy claro por qué. Dicen que en su casa, la democracia no es verdadera. Pero claro, ese no debe ser el motivo. Hay docenas de casos peores en todo el mundo que, por alguna extraña razón, no sufren mofas tan ácidas ni críticas tan frecuentes.

Barack tampoco es muy normal. No le da la gana respetar las costumbres de toda la vida. Ahora le ha dado por ponerse en segunda fila en las fotos de su comunidad de vecinos. Y aún peor. Ha dicho que quiere ser amigo de Hugo. Y Hugo, que lo sabe, le ha regalado un libro. Como si se conocieran de toda la vida.

Pero, ¿qué libro le ha regalado Hugo a Barack? Pues uno que escribió un tal Eduardo Galeano, un periodista rojo uruguayo, hace casi cuarenta años. El caso es que recoge un montón de quejas sobre los vecinos de arriba, sobre sus hábitos de gorronear de sus vecinos pobres, los que viven junto a Hugo, y de entrar en sus casas sin permiso. Un regalo insolente, sin duda.

Las venas abiertas de America Latina - Ed. Siglo XXI

Pero Barack quiere hacerse amigo de los vecinos de abajo. Incluso de Hugo. Hasta puede que lea el libro. Barack y Hugo se han desafiado a ser amigos. Y buenos son ambos para los desafíos. Lo siento por muchos a los que quizá no cause alegría, pero, para bien de este patio de vecinos, puede que esas abiertas venas comiencen a cerrarse.


El 1,73% de los socios de SGAE se reparte el 75% de los derechos netos recaudados.

El canon digital supuso en 2007 casi 100 millones de euros.

Sin canon

El Gobierno español encargó en Agosto de 2008 a una agencia estatal la evaluación del Sistema de Gestión Colectiva de los derechos de propiedad intelectual.

Con cuatro meses de retraso sobre su fecha de terminación, ya que fue completada en Diciembre pasado, se han hecho públicos los resultados.

Entre la maraña de innumerables conceptos y partidas que pueblan los datos de las agencias de gestión, como “Licenciamiento centralizado de Reproducción Mecánica”, “Derecho de participación”, “Ejecución mecámica” y otros muchos arcanos, salta a la vista uno llamado “Derecho de Compensación Equitativa por Copia Privada”.

Que un concepto meramente contable haya de adornarse con un calificativo tan impropio dice mucho de las obsesiones que SGAE y sus compañeros de viaje comparten cada vez que se muestran a la opinión pública.Pese a estos sutiles empeños y a la candidez con que la Agencia estatal AEVAL se ha acercado a este asunto, ciertas evidencias se muestran inapelables:

“Resulta evidente que en todos los casos se producen concentraciones de las asignaciones en un número reducido de titulares de los derechos” Informe de AEVAL

De unos 94.000 asociados a las SGAE, Sociedad General de Autores y Editores, sólo unos 1.500 son editores. Eso explicaría por qué en la web de la entidad se pueden encontrar 4.201 entradas que contienen el término autor y sólo 95 que contienen el de editor. Una continua política de comunicación demagógica hace pasar desapercibido el verdadero mal de fondo que aqueja a este instrumento de recaudación, mitad negocio mercantil, mitad bula fiscal privada.

“De la regulación jurídica de las entidades de gestión colectiva de los derechos de propiedad intelectual se deduce la insuficiencia de regulación de sus procesos gestores” Informe de AEVAL

“Podría ser conveniente que en una segunda fase de la evaluación se profundizara en la eficacia y transparencia de las Fundaciones dependientes de las Entidades de Gestión” Informe de AEVAL

Pero lo interesante, aunque sistemáticamente diluido y oscurecido en las informaciones propagandísticas de SGAE, es el peso que estos editores, no autores, tienen a la hora de beneficiarse de la recaudación millonaria de derechos. Por un lado, son beneficiarios de una parte, a menudo un 50%, de todos los derechos de las miles de obras de su inmenso catálogo, construido durante décadas a base de ventajosos contratos suscritos por autores que se veían forzados a aceptarlos para complacer las exigencias de las grandes compañías discográficas a cambio de su imprescindible apoyo en la difusión y distribución.

Si de verdad se quiere conseguir la paz cultural, el consenso entre las dos encontradas facciones sociales que no cesan en su tira y afloja, es imprescindible que la administración se muestre fuerte y no le tiemble el pulso. Mientras unos elevan el tono de su discurso ultra recaudador, de espaldas a cualquier consideración relativista, y otros radicalizamos nuestra oposición a toda regulación del flujo digital, cabe debatir nuevas fórmulas para el futuro, respetuosas con los bellos principios que SGAE dice defender y apartadas definitivamente de un pasado de viejos e injustos privilegios que SGAE quiere perpetuar.


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