Publicado el  especial “La Olla Mágica“, una alegoría sobre las promesas, los hechos y las mentiras de la revolución digital.

Protagonizado por dos singulares personajes, Edith y Orial, este cuento es una denuncia del absurdo sobre el que algunos pretenden construir la moral del trasiego digital.

En un mundo donde las desigualdades entre unos y otros son trágicas, en un era donde ya nada escapa a la mercantilización, cuando nadie parece encontrar la llave para repartir nuestra riqueza y hacerla sostenible, no hay nada tan obvio, tan indiscutible como que la digitalización es lo más parecido que la humanidad ha tenido jamás para compartir sin límite.

Al menos, las sustancias del alma, esas que, como por arte de magia, pueden ser convertidas en simples unos y ceros.


Mariano Fernández Bermejo y Baltasar Garzón

Los cazados del PP, a la caza del cazador Garzón, por una cacería con Bermejo. Se abre la veda.

Me pregunto yo qué es eso de la separación de poderes. Si el ejecutivo, el legislativo y el judicial han de ser independientes, hasta la desconexión total o basta con una prudente autonomía. Habremos, digo yo, de acordar lo que consideramos suficiente independencia, para no desviarnos de nuestra tan cacareada devoción por Montesquieu.

Plutarco

Por ejemplo, cuando un miembro del Gobierno del Estado, o sea, del poder ejecutivo, léase un ministro, departe amigablemente con un diputado, miembro del Parlamento, es decir, del poder legislativo, lo que ocurre con cierta frecuencia, ¿están ambos faltando a su obligatoria independencia? Y si un senador cena con un magistrado ¿qué pasa?

“No basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo”

Si los altos cargos del PP se rasgan todas sus vestiduras hasta quedar en los puros harapos, porque Fernández Bermejo, nuestro antipático ministro de justicia, pasa un fin de semana cazando junto a un nutrido grupo de compadres entre los que se encuentra nuestro rutilante juez Garzón, ¿por qué razón debemos todos clamar al cielo, llenos de indignación? ¿Por la pataleta de un partido que, sin ningún reparo, hará lo que sea por paralizar un procedimiento que amenaza sus intereses electorales? ¿Porque el ministro que se encarga de la Administración de Justicia habla con un juez por enésima vez en su vida y en público?

Pero lo verdaderamente intolerable y escandaloso es que el juez estuviera cenando nada menos que con el responsable de la ¡policía judicial! El jefe de la policía que trabaja para él. Vivir para ver.

El barón de Montesquieu
Cuando Plutarco nos cuenta la triste anécdota de Pompeya, la mujer de César, pone de relieve una injusticia, pues no le basta su honradez para evitar ser castigada por éste. Hemos hecho de ello un proverbio que sirve de advertencia a quienes, por su oficio o su cargo, han de aparentar siempre honradez. Pero, señores cazadores todos, no confundamos. Lo obligado es ser, no parecer. Quien pone excesivo acento en escandalizarse por dar un culto desmedido a las apariencias, puede descuidar la vigilancia suficiente sobre la realidad, sobre los hechos, porque quizá piense que ojos que no ven…

Se supone que hay normas legales para evitar determinadas situaciones por las que los poderes puedan contaminarse indebidamente, como las que determinan ciertas incompatibilidades o disponen ciertos procedimientos procesales. Por otra parte, no debiéramos olvidar que el régimen democrático constitucional español es monista, como tantos otros que admiramos, es decir, que el Parlamento ostenta el máximo poder, por encima de los otros dos que a él han de someterse. Al parecer, el PP quiere proponernos alguna otra cosa. Si se trata de doble moral, ya estamos bien servidos, gracias.


Francisco Camps, presidente de la Generalitat de Valencia, fue uno de los invitados que asistió, junto con otros altos representantes del PP de la comunidad valenciana, a la reciente boda de Álvaro Pérez, presidente de Orange Market.

Francisco Camps y Esperanza Aguirre

El pasado marzo de 2008, el presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, asistió, como invitado, a la celebración de boda de Álvaro Pérez Alonso. El novio es presidente de Orange Market, una de las empresas investigadas por el juez Garzón por su relación con la trama de presunta corrupción, cuyo principal implicado es Francisco Correa.

Al banquete, celebrado en las flamantes instalaciones portuarias “Veles e Vents”, también asistió Ricardo Costa, secretario general del PP valenciano, entre otros miembros destacados del PP regional. A esta boda, un acto estrictamente personal y familiar, sólo se invitóa a un limitado y escogido grupo de personas, todas ellas relacionadas estrechamente con Álvaro Pérez.

A los postres, el novio agradeció a los presentes su asistencia y tuvo afectuosas palabras de reconocimiento para aquellas personas, todas presentes, que habían significado algo importante en su vida personal o profesional. Provocando los aplausos de todos los invitados, lo hizo de modo muy especial, al dirigirse al presidente Francisco Camps, con quien había departido con gran afecto y cercanía durante la comida,

Álvaro Pérez, quien se instaló en Valencia tras el relevo de José María Aznar por Mariano Rajoy a la cabeza del partido en Génova, ha trabajado intensamente al servicio del PP valenciano y, asiduamente, dentro del círculo más próximo a Francisco Camps, a quien ha servido de secretario oficioso en numerosas ocasiones.

Se da la circunstancia de que ayer mismo, Francisco Camps, preguntado por los periodistas durante un acto oficial celebrado en Alicante, aseguró que el Consell tiene “la suerte y la tranquilidad de hacer bien las cosas siempre”. Así lo indicó al ser preguntado por los periodistas sobre las medidas que ha adoptado el Consell en relación con la empresa Orange Market, afectada por la investigación del juez Baltasar Garzón, quien horas después ordenaba la detención de Álvaro Pérez.


Viva Joss Stone

  • 7 Feb, 2009

“Me encanta la piratería. Lo único que no me gusta de la música es el negocio. Si la música es gratis, no hay negocio.”

Algunos entrevistadores sufren el síndrome de la estupidez contagiosa que se ha extendido por entre la auténtica música. Algunos artistas realmente pueden decir que lo son. Parece mentira que, a estas horas, pueda asombrar a alguien una opinión como la de la Stone. Ella, sin embargo, parece divertida ante la perplejidad de quien le pregunta. Se limita a decir cuatro afirmaciones contundentes, devastadoras, exageradas y…acertadísimas.


¡Qué vergüenza!

  • 3 Feb, 2009

La electrónica de consumo se ha convertido en un signo externo de clase social entre niños y adolescentes

Hoy me ha dicho mi hijo que le da un poco de vergüenza llevar su móvil al viaje que va a realizar con sus compañeros del cole a Andorra. Me he quedado de piedra. Supongo que me he puesto un poco rabioso, porque no me lo esperaba. Mi hijo frecuenta la tecnología más que la media de sus compañeros – todo se pega, menos la hermosura, dicen – y por supuesto, sabe perfectamente por qué su móvil es distinto a los demás. Porque su padre, el que suscribe, tuvo la ocurrencia de comprar un móvil para su hijo idéntico al suyo, o sea, una verdadera extravagancia.

Hace ya mucho tiempo descubrí que Motorola había desarrollado un móvil, destinado en principio para su difusión en el tercer mundo por su mínimo coste de fabricación, cuya singularidad se debe a su radical simplicidad, encerrado en una carcasa delgadísima  y su pantalla electroforética, o dicho de otro modo, de tinta electrónica.

Se trata de un móvil sin más pretensiones que las de servir de teléfono – curioso, ¿no? – . No tiene nada de nada, excepto las prestaciones propias de un magnífico GSM. Además tiene mensajes SMS, alarma y un dsipositivo “manos libres”. ¡Nada más! Eso sí, su pantalla es la más legible del mercado en cualquier condición de luz, tanto por el tamaño de los caracteres como por las características de la tinta electrónica que hasta la fecha sólo puede encontrarse en este móvil. Por la misma razón, su consumo de batería es mínimo. Lo triste es que las operadoras no quisieran, a quién le extraña, regalarlo en ámbitos subdesarrollados, tal como sus diseñadores pensaron. Claro, con él no hay forma de vender las ciento un chorradas de valor añadido que han hecho de los móviles un nuevo eje del consumismo vacío y de la superproducción antiecológica.

Motorola F3

Escribo esto con la esperanza de que mi hijo sepa que su móvil es tan chulo que no tiene nada de lo que se supone hay que tener para ser aprobado en el club de pijos ni en el de abducidos por la publicidad. Aunque me temo que puedo perder esta batalla, como la pierden casi todos los padres.

Quiero recordar aquí esa vieja excusa del marketing subliminal, que también lo hay, según la cual es bueno que un niño tenga un móvil siempre a mano porque así podrá contactar con sus padres cuando lo necesite, o viceversa. El Motorola F3 cumple a la perfección con ese cometido.

Lástima que la única preocupación de las operadoras sea hacer de niños y adolescentes consumidores desaforados de todo lo que quepa por el flujo digital. En cuanto al tercer mundo… ¡ que ponga el coltán !. Eso sí que me da vergüenza, le diré a mihijo. Seguro que el también lo dirá.


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