Carta a José Mari

  • 28 Oct, 2008
José María Aznar

Esta es la carta de un seguidor de Aznar, que quiere ahondar en los misterios que encierra la doctrina de este gran hombre

Carta a Jose Maria Aznar pagina 1

Los expresidentes, según Felipe González, son como jarrones chinos, algo muy valioso que nadie sabe bien dónde poner. Algunos jarrones tienen la habilidad para ponerse por sí mismos encima de la peana más prominente. Ajenos a su aspecto kitsch y a la falta de sitio previsto para ellos lanzan sus exuberantes filigranas como destellos chillones por encima del mobiliario y consiguen llamar la atención  despechando su propia extravagancia.

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alcaldes jugando al sim city 1
Construir, construir...

Las burbujas inmobiliaria y financiera se pinchan con la crisis global y dejan a los alcaldes sin su estrategia favorita y con la deuda al aire

Es curioso pero parece como si, durante las últimas décadas, muchos alcaldes de nuestras ciudades, sobretodo de las más grandes, se hubieran aficionado a jugar al Sim City, ese gran clásico de los videojuegos de Electronics Arts, aunque con la enorme diferencia de hacerlo con la ciudad real que administran. Para los que no lo conozcan, baste con explicar el juego Sim City es un simulador de ciudades, es decir un ingenio visual interactivo capaz de recrear con un realismo más que digno el desarrollo de una urbe moderna, desde su fundación hasta los confines del futuro, bajo la influencia más o menos bienhechora del jugador, cuyo rol no es otro que el de alcalde.

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Indemnizaciones para quienes arruinaron el sistema financiero

Jugadores de ventaja

Los ejecutivos  cuyas aventuras sacuden la economía mundial, amasan su fortuna a salvo de las desgracia que su gestión especulativa pueda haber provocado.

No son los primeros, ni los únicos, ni supone sorpresa alguna para nadie. Hace ya tiempo que son práctica habitual los contratos blindados para los altos ejecutivos de las grandes corporaciones empresariales y financieras. Pero quizá hoy cuando las consecuencias de sus aventuras amenazan con arrasar los cimientos mismos de la economía, logren escandalizar lo suficiente para que se abra paso un rechazo social capaz de cambiar las cosas. Quizá.

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Un fracaso global

  • 12 Oct, 2008

un mundo global

La bolsa o la vida, esa es la cuestión. Si el dinero reina sobre la sociedad global y sólo unos pocos están satisfechos, es la hora de destronarlo

El poder del dinero

Ni al paro, ni al sida, ni a las migraciones, ni al hambre, ni a la desigualdad, ni a la contaminación, ni a las guerras, ni al terrorismo, ni a los suicidios, ni al fanatismo, ni al racismo…no hemos frenado a ninguno de nuestros odiados demonios.

Murió el socialismo real, no se sabe si de muerte natural, incapaz de sostener su intoxicado organismo, o a manos de la seductora voz del consumismo occidental, cargado de veneno por el que todos suspiran. Apenas nos quedan retazos de una revolución moribunda en Cuba, o una bandera vieja y transformista en China, cuyo rojo aspira a terciopelo y a moqueta de multinacional. Guiños a un pasado que no ha de volver. O regímenes topo que no se resignan a desaparecer sin recoger la propina, como Corea del Norte. Nada sacaron, nada sacamos en limpio del socialismo real, hoy reconvertido a un capitalismo sin ideología, quizá más auténtico por eso mismo.

El capitalismo, vencidas las incómodas barreras de una socialdemocracia, por fin entregada al mercado, enterradas ya las hachas de guerra descolonizadoras, reconvertidas en armas, sida y hambruna, se alzó triunfante desfilando su globalización tras el himno neocon. ¿Y para qué?

Para que ninguna de sus promesas se cumpliera, para que sus sarcasmos a costa de los fracasos socialistas resulten ahora huecos y patéticos, para que el mundo tiemble sin rumbo y sin asidero alguno, para que ahora, el pánico se haya vuelto global. Y, por si fuera poco, hace tiempo que el terror vaga sin sentido por doquier, como en una mala película de serie b. El odio entre pueblos y culturas germina con fuerza, como las amapolas en Afganistán, como la pobreza en África, como el cambio climático, que parece mutarnos también el alma .

Solo quien es tan pobre es tan generoso

Y ahora ¿qué? Hace diez años, George Soros titulaba uno de sus ensayos con la significativa expresión “La crisis del capitalismo global”. Advertía con toda clase de argumentos contra la peligrosa deriva del sistema y nuestra tendencia fatal a no controlar los procesos económico financieros en los que nosotros mismos estamos inmersos. Sólo es un ejemplo entre tantos. Pero nadie podrá decir que su advertencia procedía de los marginales antisistema, siempre destructivos, o de la propaganda comunista. Lo menos que podemos esperar es que se callen ahora los que durante las últimas décadas han presumido de estar del lado de la verdad. El problema, aunque así sucediera, es encontrar algún lugar fuera del sistema, una atalaya descontaminada desde la que observar al enfermo.

Porque no es admisible que los responsables del desastre sean los encargados de tomar las graves decisiones que han de reequilibrar nuestra existencia colectiva. No gracias. Basta. Es verdad que no tenemos más líderes hoy que los que hay. Que no cabe esperar que repentinamente emerja un flautista de Hamelín a quien todos escuchemos y sigamos. Pero sí podemos y debemos exigir con todas nuestras fuerzas que se reconozca por quienes hasta ahora no lo han hecho que la estructura ultracapitalista que ha empequeñecido la política hasta su más raquítica y servil expresión estaba equivocada. Que empecemos a dejar de confundir empresa con codicia, democracia con mercdao y valor con dinero.

Sólo veremos la luz si abrimos las ventanas. Habrá corriente, se volarán los papeles, perderemos parte de nuestras referencias, pero ganaremos esperanza. Porque para variar, oiremos a quienes, desde fuera, llevan años rogando que les escuchemos.


Velado por el debate sobre los hombres-anuncio, el Ayuntamiento de Madrid promueve una nueva ordenanza orientada a terminar con las iniciativas publicitarias “imaginativas” que se escapan a su fiscalización.

Hombres-anuncio que portan cartelones, coches que lucen llamativos anuncios, fachadas de obra aprovechadas para la publicidad, octavilleo y en general, toda la publicidad que ha ido abriéndose paso sin someterse a la regulación que del espacio público ostenta el Ayuntamiento van a ser perseguidas. Es de suponer que igual suerte seguirán aquellas que, en el futuro, puedan surgir del inagotable ingenio comercial, siempre que no hayan pasado por la “sacristía” municipal.

Hippies. Anuncios en vehículos
Anuncios en vehículos

Tras unas tardías y tímidas medidas para contener algunos excesos de contaminación lumínica, Ruiz Gallardón prepara una campaña para fiscalizar los anuncios que no se someten a control y recaudación municipal.

Chirimbolos, marquesinas, autobuses de la EMT, vallas publicitarias reguladas, cartelas electorales y cualquier otro aprovechamiento publicitario del espacio público urbano es bendecido por el alcalde porque ha sido planificada económicamente por el Ayuntamiento y…paga sus correspondientes tasas e impuestos.

Los alatavoces ambulantes de los tapiceros, traperos, chatarreros y otros oficios en extinción son molestos y agresivos, objeto de prohibición, por supuesto. Las legalizadas operadoras telefónicas, inmobiliarias y otros agentes de la modernidad no molestan cuando penetran por todos nuestros teléfonos fijos y móviles, a cualquier hora y tanto como quieran. Debe ser que tienen nif.

Las octavillas callejeras de establecimientos diversos son cívicamente insalubres, aunque, al parecer, el buzoneo inclemente no lo es.

En fin, que en el marketing también hay clases, y Ruiz Gallardón, muy aseado él, se propone acabar con la publicidad “sin papeles”.


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