Informacion o publicidadLos medios de comunicación reciben un trato muy singular por todas las instituciones y por los ciudadanos en general, debido, entre otras cosas, a su también singular papel en la sociedad. La Constitución española, como muchas otras, les concede una atención muy especial. El papel de informar sobre lo que sea relevante, sobre aquello que pueda afectarnos, y el de desvelar lo que se nos oculta o se disfraza ante la opinión pública.

Por ello, los medios de comunicación son responsables de la calidad de su publicidad, o debieran serlo. Los ingresos por el alquiler de sus espacios son una auténtica patente de corso para que el anunciante cuente lo que le de la gana. Por esa misma razón, los anuncios debieran ser juzgados por los lectores y por la sociedad en general con especial sensibilidad y exigencia.

Por otra parte, si la prensa no puede o no sabe cumplir su trascendental y distinguida función cuando se trata de publicar mensajes pagados, o sea, anuncios, no debería financiarse con ellos.

Si tan importante es el mercado como verdadero motor de nuestro progreso, tal como sostienen los neoliberales, hoy dominantes, la prensa debería velar por la transparencia en la información dirigida al mercado mismo. Claro, que eso es incompatible con su dependencia de la financiación de los anunciantes, por lo que resulta mucho menos incómodo defender la práctica nada periodística de mirar para otro lado.

La prensa insiste en profundizar en una de sus más queridas perversiones. Recibir dinero, cuanto más dinero mejor, de los anunciantes, y desentenderse de los contenidos que arrojen éstos sobre sus audiencias. Con la única precaución, a veces también olvidada, de enmarcar la publicidad como tal para que sirva de advertencia general, el periodismo se siente muy digno investigando sobre cualquier otro asunto.


En la pugna por el mercado tecnológico, Sony no duda en confundir al consumidor, con tal de no dañar su imagen de líder, mientras Samsung parece no quedarse atrás en el mismo camino de confusión al usuario.

Ambos presumen de presentar un tipo de videocámara que Sanyo ya presentó hace casi un año.

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Un solo anuncio donde caben 2800.

Los anuncios por palabras, una prueba más del liberalismo que pregonan los falsos liberales.

mega anuncioRecientemente se publicaba en El País un anuncio, mejor dicho, un mega anuncio de Hyundai, la multinacional coreana del automóvil, que se insertaba en la sección de anuncios por palabras. El hecho de que se publicara en este área del periódico ponía de relieve, no sabemos si intencionadamente, la insultante desigualdad que la publicidad, tal como la conocemos en la actualidad, lleva consigo. Se dirá, con razón, que el precio suele ser proporcionado a las posibilidades de que un anuncio sea visto o leído, en este caso a su superficie.

Esto, lejos de contradecirme, lo corrobora plenamente. Una de las perversiones más frecuentes y también menos reprobadas del sistema de comunicación que rige en nuestra sociedad es, precisamente, aquella por la que quien más pueda pagar, más podrá ser escuchado.

En el caso de este anuncio de Hyundai, la superficie que normalmente ocupan, aproximadamente, 2800 anuncios por palabras, unos 50 por columna, por 7 columnas, por 8 páginas, muchos de ellos de no más de 15 euros de coste, es ocupada por un solo anuncio, cuyo precio de publicación supera varios cientos de miles de euros. Ahí queda eso.


Necropsia a la gaviota del PP

Ante los malos tiempos, la derecha española no cabe ya en su gran casa común que se resquebraja, incapaz de alojar por más tiempo a inquilinos tan dispares.

Hace ya tiempo que se nos olvidó que la derecha española postconstitucional construyó una gran casa común donde acabaron conviviendo, con grandes resultados, todos cuantos quisieran excluirse de vergonzantes atributos como progre, izquierdoso o filomarxista. Lee el resto de esta entrada »


La SGAE logra los mayores ingresos de su historia

La avaricia rompe el canonLo que está claro es que compensatorio, lo que es compensatorio, no es. A no ser que compensar sea recompensar. Es cierto que su nombre oficial, con la ingenua connivencia de los legisladores, es un inexpresivo Canon Digital, como podía haberse llamado Nuevo Canon o Canon XXI , pero no nos olvidemos que hablamos de un instrumento reivindicado por SGAE para compensar las inmensas pérdidas e irreparables lesiones económicas de un sector tan valioso como el de los creadores artísticos, arrollados por la revolución digital y sus iniquidades asociadas. Parece que, a fin de cuentas, se va solucionando el asunto.

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