
¡Basta, por favor! Ya no puedo soportarlo.
Confieso, soy un machista irredimible.
Confieso que, de puro machsimo, escribo estas líneas.
Confieso, uso un lenguaje machista.
Confieso haber pronunciado oes, en vez de aes
Confieso, soy un puto machito, troglodita como casi todos.
Confieso que estoy perplejo, que no entiendo, por prejuicios machistas
Confieso que estoy hasta…los huevos, claro, tan machista yo.
Confieso, confieso, confieso…pero, ¡por favor!, dejen de torturarme.No puedo soportarlo más.
De acuerdo, sexo es lo mismo que género.
La O es culpable, la A, su víctima. La E exhibe una obscena equidistancia.
La I y la U, débiles, inútiles.
Me rindo. Hablemos como sea, pero sin penitencias. Sin obligarnos a intercambiar palabras de castigo cuya única utilidad es la de recordarnos a los machistas nuestro pecado capital, mientras el personal bosteza.
Nos quejamos de que los SMS destrozan el lenguaje. Si queremos que se respete, aún cuando sea incómodo, no hagamos de él una pancarta innecesaria y una ineficaz pantomima de lengua.
Tanto insistir en que sexo es lo mismo que género que al final nos lo hemos creído. Basta de bastos y bastas.


Más importante que retratar un conflicto es informar a tiempo para evitarlo.
A menudo, un reflexivo reportaje es el eco tardío de una nefasta información.Como un bonito epitafio que pretende hacer justicia con quien fue despreciado en vida.
Descubro hoy, en El País, un reportaje vergonzante. No por su falta de rigor en lo expuesto, de lo que habría ya mucho que hablar, sino por reflejar sin ningún rubor los lamentables perjuicios sociales que la falta de una mínima información periodística ha permitido, si no promovido y exaltado. Lo digo porque el autor del reportaje habla de lo que habla, la cara oculta de los deslumbrantes avances tecnológicos que inundan el mercado de consumo. Lee el resto de esta entrada »

¿Hasta cuándo los periodistas nos complaceremos en que la información sea pagada, no por aquel para quien, supuestamente, se elabora, el lector, el oyente, el telespectador, sino por quien sólo persigue, por interés particular, una sustanciosa audiencia?
No discuto la dificultad, hoy mayor que nunca, de esquivar el aparato publicitario, como infraestructura necesaria de los medios, pero me indigna contemplar la aparente indiferencia con que el “profesional de la información” ni siquiera se lo cuestiona jamás, más allá de algunos superficiales, si no meramente frívolos, jugueteos críticos de cuando en cuando.
Sé que suena extemporáneo. Medios, anunciantes, productores y editores entremezclan ya hace tiempo sus intereses empresariales con frenesí. Y a todos nos parece estupendo. Eso es lo malo. Que los periódicos de mayor tirada sean ahora gratis no deja de ser un “salir del armario” definitivo. Por si no estuviera ya suficientemente claro que no nos interesan nuestros públicos como clientes, sino como mercancía. La mercancía, claro, no paga, en todo caso se paga. Queda ya lejos el tiempo en que se justificaba la publicidad como medio para no encarecer demasiado el precio de la sacrosanta información. No la encareció, desde luego, la hizo suya.
Lee el resto de esta entrada »
