Durante la última década, piratas del mar han asesinado a 160 personas, herido a 500 y hecho rehenes a más de 3500.

En el mar de Somalia se ha registrado un hecho que, si no fuera por la diferencia en las armas empleadas, parecería sacado del siglo XVII. Piratas armados hasta los dientes asaltaron un barco francés e hicieron más de treinta rehenes.
No es raro que el resultado de estos encuentros, mucho más frecuentes que lo que nos parece, sea mucho más dramático que éste, resuelto mediante la intervención militar de Francia.
Sólo en 2007, han sido atacados 300 barcos en la misma zona, un área del planeta donde los piratas pueden moverse con relativa impunidad. Nada que no haya sucedido antes, hasta el punto que creíamos que pertenecía a esa parte de la historia que se vuelve legendaria, que marcó toda una época. Lee el resto de esta entrada »
El canon “olvida” a los estudios de grabación , en su mayoría clausurados o en grave crisis, tras la desbandada de sus clientes, las discográficas.

Red Led, estudio de grabación independiente, protagonista de grandes éxitos comerciales, nunca ha recibido nada de los derechos que dicen defender los promotores del canon.
A los defensores del famoso canon compensatorio se les suele llenar la boca de consideraciones compasivas hacia los distintos profesionales implicados en la elaboración de las obras musicales, hoy víctimas del imparable tráfico digital, el nuevo paradigma. Se declaran muy preocupados por su precaria situación que podría poner en peligro, según ellos, el futuro mismo de la música, si no se articulara algún tipo de compensación.
Lee el resto de esta entrada »
Vale que todos sabemos que no se trata de tipos malencarados, armados hasta los dientes, que esgrimen un amenazador garfio en sus muñones. Vale que está claro que no gritan “¡al abordaje!”, para rebanar los cuellos de quien se oponga a sus insaciables ansias de botín. Pero entonces, ¿por qué “piratas”? ¿Por qué no “pícaros”, o “golfos”, puestos a jugar a los Alatriste?

Si hablamos de los piratas, digamos, postrománticos, eran, hasta el advenimiento del top-manta, peligrosos individuos que forzaban un pasaje, generalmente aéreo, para alterar su destino o, aún peor, para servirse con crueldad de rehenes indefensos. Muy recientemente se ha desatado de nuevo la piratería marítima como una dramática amenaza sobre el tráfico marítimo del Océano Índico. Antes de que el secuestro marítimo renaciera y cuando el término pirata parecía dormir entre las páginas de los diccionarios, emerge una nueva licencia de uso para esta palabra. El honorable Diccionario de la RAE recoge, desde no hace mucho tiempo, la singular acepción mantera referida a los que copian ilegalmente obras musicales o de otra índole. ¿Por qué?
Debe ser duro que a uno le toque, en la rifa incontestable de adjetivos que la sociedad refrenda cada día, alguno de estos curiosos reciclajes de términos malditos. Cuánto hemos de agradecer los que cruzamos la calle, de cuando en cuando, por donde no debemos, que no nos presenten como “salteadores de caminos”, o aquellos que sufren por sudar más de lo deseable, por no llamarse “apestados”. O quienes ostentan accionariados mayoritarios, por no ser conocidos como “tiranos”. Cuántos “bastardos”, “brujos”, “traidores” o “usureros” se alegran, en silencio, porque a ellos no les ha tocado.
¿Y qué tal un buzón de sugerencias? Quizá nos sorprendiera el ingenio popular con propuestas como llamar “asesinos” a quienes ahorran a costa del medio ambiente, o “putas” a las guapas estrellas que triunfan sólo por su extraordinaria belleza. ¿Qué tal llamar “corruptor de menores”a quien abusa de la ignorancia del consumidor infantil? ¿Y “mentirosos” a los anunciantes? Aunque se nos llene románticamente la boca cuando decimos “piratas”, no debemos olvidar que hablamos de gente que, como tantos, luchan por arañar el gran pastel del que viven muy bien un grupo reducido de ejecutivos y un número escandalosamente pequeño de verdaderos creadores de arte. De una cosa no hay duda. Quién tenga el cofre del botín es el verdadero pirata


Capaz de remover nuestras entrañas, de emocionar en lo más hondo, ¿qué esconde la música dentro de sí?
¿Qué misterio guarda la música que impacta en el corazón del propio autor que ve en su música un pedazo de belleza cazado de un imposible y mágico lugar que él también desconoce? ¿Por qué la música ensancha tanto el alma que una imagen sin música es muda y con ella está llena de significados? ¿Por qué todo el mundo canta y baila?¿Por qué no hay fiestas sin música?¿Porqué lloramos más con música?¿Porqué se reza y por qué se hace el amor con música?
Sólo la música, libre de la atadura del idioma, sobrevuela las fronteras de nuestras miopes y mezquinas culturas para poner en evidencia que hay un mundo de todos donde caben las voces de todos.
Una vez dijo alguien que la música es lo más bello que transporta el aire. Es cierto. Y lo peor, los gritos de los que sufren el odio y la sinrazón humana.