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El lobby de las discográficas lloriquea de nuevo

Con su habitual dominio de los medios, las compañías que acaparan los derechos de explotación discográfica sobre miles de títulos musicales lanzan su habitual quejido intentando, una vez más, alarmar a la sociedad sobre una amenaza que sólo a ellos aqueja

Los miembros de Promusicae, ese lobby de equívoco nombre, nos van acostumbrando a  exhibir, de cuando en cuando, sus lacerantes llagas causadas por la ya veterana crisis del soporte discográfico.

Cada vez que hacen cuentas, confirman que el objeto tradicional de sus ventas, es decir, el soporte magnético y en vinilo, primero, y los CD después, están languideciendo sin remedio como vehículo para difundir copias de las obas musicales y audiovisuales.

Naturalmente, eso no tiene nada que ver con una supuesta caída de “la ventas de música”, expresión que utilizan para dar a entender que se trata de una tragedia cultural que puede acabar con la música misma. Es esta una falacia sobre la que insisten siempre que pueden, con la inestimable y vergonzosa colaboración de importantes medios de comunicación.

Claro que el negocio de estas empresas basado en la venta de copias en CD languidece, en la misma medida que pierden su capacidad de control monopolística sobre la difusión. Lejos queda ya los dorados años ochenta, cuando se promovió abusivamente la sustitución universal de copias de miles de títulos ya amortizados al formato CD, un formato vendido a precio superior al anterior y fabricado a coste muy inferior.

El papel de las discográficas va perdiendo protagonismo poco a poco en la estructura social de la cultura. Por eso su reinado, uno de los más exitosos recorridos empresariales de todos los tiempos, toca a su fin.

Nada nos dicen, sin embargo, de las cifras de los actuales ingresos correspondientes al canon digital, en permanente expansión, ni de las procedentes de las ventas de tonos para móviles, dos nuevas gallinas de los huevos de oro, ahora puestos sin apenas necesidad de prestación alguna a cambio. Rentas ventajosas que nada tienen que ver con la creatividad mi con la promoción de la música.

El papel de las discográficas va perdiendo protagonismo poco a poco en la estructura social de la cultura. Por eso su reinado, uno de los más exitosos recorridos empresariales de todos los tiempos, toca a su fin. Hoy ya no cabe, por fortuna, que unas pocas mano0s tegan la prerogativa de la censura y el control de la llave de la difusión de las obras culturales. No se entiende qué esperan de la sociedad, como no sean concesiones injustamente ventajosas, basadas en la permanente falacia y manipulación de la información.

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