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Son las elecciones, no el Madrid-Barça

Analistas, líderes y periodistas, como la gran parte de quienes valoran las elecciones, preocupados por proclamar el ganador de las elecciones, un ente ficticio y ajeno a la democracia parlamentaria

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Por un preocupante mimetismo, los españoles asistimos de nuevo a ese espectáculo cuyo momento cumbre se alcanza cuando uno de los concursantes logra alzarse con el triunfo y es declarado, entre lágrimas, confetis dorados y fanfarrias, ganador de Eurovisión.

Las elecciones al Parlamento Europeo, lejos de ser una fórmula democrática para constituir la proporcionada representación popular en la importante cámara legislativa multinacional, son sólo, para tertulias radiofónicas, editorialistas de prensa, líderes políticos y demás fauna implicada, una vibrante confrontación entre los partidos mayoritarios para saber quién es el rutilante ganador. Algo así como un Madrid-Barça en versión referendum. Por supuesto, los demás partidos políticos, al igual que los equipos de fútbol más modestos, hacen un decoroso papel de comparsa.

Marcador electoral
Marcador electoral

La realidad es que cada escaño representa, al menos en teoría, a un colectivo de votantes. Como resultado, de acuerdo con el sistema proporcional vigente, el parlamento, de donde emanan las leyes, estará constituido por una muestra representativa de la población, tan variopinta como ella. Un concepto elemental arrinconado por los opinadores de turno. No tiene ningún sentido, por tanto, hablar de ganadores de las elecciones. Aún más, según este planteamiento, los ganadores son perdedores cuando su mayoría no es absoluta, puesto que son más los escaños ajenos que los propios. Será en el debate legislativo de cada día donde se pongan de manifiesto las verdaderas y genuinas pugnas por ganar o perder, entonces sí, el pulso entre quienes apoyan una propuesta y quienes la rechazan. Y en buena ley, ni siquiera sabemos cuántos representantes de cada partido se alinearán con cada una de ellas.

No sé a quién puede convenir esta simplificación tan perversa de nuestro sistema político, pero me temo que hay fuertes intereses por parte de los grandes partidos y de sus clientes, patrocinadores y mentores, para potenciar un bipartidismo de alternancia que haga imposible su respectiva desaparición. En España, PP y PSOE son esos queridos enemigos.

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