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El ministro de Justicia estuvo charlando con un juez

Mariano Fernández Bermejo y Baltasar Garzón

Los cazados del PP, a la caza del cazador Garzón, por una cacería con Bermejo. Se abre la veda.

Me pregunto yo qué es eso de la separación de poderes. Si el ejecutivo, el legislativo y el judicial han de ser independientes, hasta la desconexión total o basta con una prudente autonomía. Habremos, digo yo, de acordar lo que consideramos suficiente independencia, para no desviarnos de nuestra tan cacareada devoción por Montesquieu.

Plutarco

Por ejemplo, cuando un miembro del Gobierno del Estado, o sea, del poder ejecutivo, léase un ministro, departe amigablemente con un diputado, miembro del Parlamento, es decir, del poder legislativo, lo que ocurre con cierta frecuencia, ¿están ambos faltando a su obligatoria independencia? Y si un senador cena con un magistrado ¿qué pasa?

“No basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo”

Si los altos cargos del PP se rasgan todas sus vestiduras hasta quedar en los puros harapos, porque Fernández Bermejo, nuestro antipático ministro de justicia, pasa un fin de semana cazando junto a un nutrido grupo de compadres entre los que se encuentra nuestro rutilante juez Garzón, ¿por qué razón debemos todos clamar al cielo, llenos de indignación? ¿Por la pataleta de un partido que, sin ningún reparo, hará lo que sea por paralizar un procedimiento que amenaza sus intereses electorales? ¿Porque el ministro que se encarga de la Administración de Justicia habla con un juez por enésima vez en su vida y en público?

Pero lo verdaderamente intolerable y escandaloso es que el juez estuviera cenando nada menos que con el responsable de la ¡policía judicial! El jefe de la policía que trabaja para él. Vivir para ver.

El barón de Montesquieu
Cuando Plutarco nos cuenta la triste anécdota de Pompeya, la mujer de César, pone de relieve una injusticia, pues no le basta su honradez para evitar ser castigada por éste. Hemos hecho de ello un proverbio que sirve de advertencia a quienes, por su oficio o su cargo, han de aparentar siempre honradez. Pero, señores cazadores todos, no confundamos. Lo obligado es ser, no parecer. Quien pone excesivo acento en escandalizarse por dar un culto desmedido a las apariencias, puede descuidar la vigilancia suficiente sobre la realidad, sobre los hechos, porque quizá piense que ojos que no ven…

Se supone que hay normas legales para evitar determinadas situaciones por las que los poderes puedan contaminarse indebidamente, como las que determinan ciertas incompatibilidades o disponen ciertos procedimientos procesales. Por otra parte, no debiéramos olvidar que el régimen democrático constitucional español es monista, como tantos otros que admiramos, es decir, que el Parlamento ostenta el máximo poder, por encima de los otros dos que a él han de someterse. Al parecer, el PP quiere proponernos alguna otra cosa. Si se trata de doble moral, ya estamos bien servidos, gracias.

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