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No con mis impuestos

El Ministerio de Cultura gasta un millón de euros en ayudar a SGAE, Promusicae y otros grupos afines a manipular la opinión pública, víctima de la desinformación extendida por la industria cultural.

El problema de exagerar sin límite con el fin de impactar en la audiencia ya ha sido suficientemente glosado por el cuento de “Pedro y el lobo“. Parece que el paisaje de las sustancias virtuales, de lo digital, se presta mucho a caer en la tentación de la metáfora “didáctica” y, un poco más allá, en la falsedad útil. Ya sucedió antes con la palabra piratería, de la que se ha abusado tanto que su asociación con las copias irregulares de música resulta trágicamente grotesca frente al horror de cientos de inocentes rehenes, heridos y muertos, víctimas de la piratería real. Ahora, una ambiciosa campaña gubernamental de publicidad, ese arte de emitir licencias periodísticas para mentir, llama “robar ideas” a conocerlas o disfrutarlas. Un millón de euros gastado por un gobierno en autodescalificarse para un debate serio, tan necesario, en este controvertido, manoseado y desconocido asunto.

"Ilegales" regalando ideas en el Retiro


ROBAR IDEAS” es lo que las grandes editoriales culturales han hecho cuando, después de despreciar la maqueta o el manuscrito de un autor inédito, lo han plagiado impunemente para aprovecharse del control total sobre sus derechos de autor.


Si una sociedad “VALE LO QUE VALEN SUS IDEAS” y además “LAS IDEAS DE UNOS AYUDAN A OTROS A NUEVAS IDEAS“, ¿por qué permitimos que inmensos monopolios empresariales impongan un tributo privado sólo por conocerlas?


LA LIBERTAD DE PODER ELEGIR” no existe para el autor ni para el ciudadano, si se impide o penaliza la libre comunicación entre ambos.



No vale la pena insistir. El secuestro intelectual que sufre el gobierno socialista, y me temo que la oposición, a manos del lobby de la industria cultural, es de tal magnitud y tiene ya tal persistencia, que sólo queda esperar. Esperar a que una nueva generación de políticos que tomen el natural relevo en el poder, tengan siquiera un leve conocimiento de los entresijos y los abusos antisociales de la industria cultural.

Una ligera idea, al menos, de lo que supone y esconde el negocio del disco, del libro, de la TV, de la telefonía y todos aquellos que viven de acaparar y explotar abusivamente de las inmensas oportunidades que la digitalización y la red de redes han puesto a disposición del progreso de la sociedad.

Mientras tanto, sólo queda exigir que para campañas de publicidad antisociales, ¡No usen mis impuestos!

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