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El periodismo, atrapado en la red

Las nuevas formas de comunicación pública, una amenaza para el sistema publicitario que ha dominado la cultura de masas desde su nacimiento. atrapado_en_la_red

He participado en un foro sobre blogs, sobre el papel y la importancia de los blogs. Sobre sus ventajas y sobre sus amenazas. Cuando se trata este tema entre periodistas, hay una cierta convergencia sobre cuestiones relativas a la creciente desprofesionalización del periodismo, la emergencia de ciudadanos periodistas o comoquiera que decidamos denominar a este aspecto de la nueva comunicación social. Yo quiero proponer otro enfoque. Cuando se desencadena la llamada cultura de masas y los públicos comienzan a ser cautivados para ser, poco a poco, convertidos en audiencias, es porque la estructura de la comunicación pública evoluciona rápida e inapelablemente hacia el esquema “uno a muchos”. Sobre este nuevo paradigma, cimentado en primer lugar por la prensa del siglo XIX, edificado luego por la radio de la primera mitad del siglo XX y, más tarde, definitivamente consolidado por la todopoderosa televisión, se construye un gigantesco aparato publicitario cuya simbiosis con el periodismo acabará por ser el motor de la economía mundial y uno de los signos de identidad de nuestra civilización.

Bertold Brecht dijo allá por los años treinta, curiosamente, los de la anterior crisis económica mundial: “Hay que transformar la radio, convertirla de aparato de distribución en aparato de comunicación.”

Pues por fin, la aparición de Internet, una estructura de comunicación en red, supone el derribo del gran muro de la unidireccionalidad. Un hito celebrado por todos aunque por diversos motivos. Pero también supone el derribo de la estructura arbórea donde unos son troncos emisores y otros son hojas receptoras. Una cosa es la bidireccionalidad que permite a las hojas llamar o responder al tronco en la medida que éste lo regule y otra muy distinta es que cada hoja esté conectada con todas las demás de todo el bosque. Las audiencias se difuminan y atomizan, los emisores también y la red destroza el gran paradigma publicitario. ¿De quién son ahora las audiencias? ¿Por cuánto tiempo? ¿En función de qué? Este es, a mi juicio, el vértigo que los blogs no hacen sino evidenciar y que tiene más que ver con la pérdida de control de los públicos que con la preocupación por la verosimilitud y fiabilidad de la información. Si la verdad hubiera sido la preocupación primordial del periodismo, no se hubiera vendido nunca, en cuerpo y alma, a la publicidad.

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